29 de junio de 2012

"El tesoro de Vulturia", entre los más prestados

"El tesoro de Vulturia", ganadora en 2010 del premio Ateneo de Sevilla de Novela Histórica, figura entre los libros más prestados durante el último año en la biblioteca pública "Cánovas del Castillo" de la Diputación de Málaga, según datos facilitados por la propia institución que se pueden consultar aquí.

Concretamente, la novela que cuenta las aventuras de Wulfric, el primer detective visigodo de la literatura mundial (perdonadme la inmodestia), figura en el cuarto lugar, junto a obras tan destacadas como El sanador de caballos, de Gonzalo Giner, y por delante de muchos autores suecos de esos que están de moda ahora y de muchas otras que gozan de potentes campañas publicitarias.

Es un orgullo que esta novela, continuadora de "De buitres y lobos", goce del favor de los lectores en una biblioteca pública, donde la gente tiene acceso a todas las obras habidas y por haber.

Muchas gracias a los lectores malagueños.

25 de junio de 2012

Diario de Jürgen Toepfer: daño



Nuestra lucha comenzó a tener posibilidades de éxito en el momento en el que el daño que le causábamos al enemigo fue superior al beneficio que obtenían con nuestro expolio. Entonces les resultamos insoportables. 





Jürgen Toepfer
Mercenario en la R.D. del Congo

15 de junio de 2012

Nosotros los culpables

Ya no somos clase media acomodada. A estas alturas de la crisis ni siquiera somos clase media. Nos han apeado de ese prurito tonto que nos hacía creer que estábamos por encima del vecino. Ahora somos todos iguales, o casi todos... o casi iguales.
Ya no nos animan a consumir irreflexivamente como hacían hace unos pocos años. Ahora nos reprochan  que pidiéramos créditos para comprar el piso y el coche, para reformar la cocina, para esas vacaciones en crucero o para la comunión de la niña.
Nos invitaron a una sociedad consumista y aceptamos con alegría y regocijo. Ahora la culpa de la crisis es nuestra porque gastamos demasiado. Dicen que la gravedad del endeudamiento español no es atribuible al Estado, sino a las familias. Nosotros somos los culpables, pero por dejarnos manipular y no haberles parado los pies hace tiempo.

Durante estos años de engaño, además, nos han impuesto su manera de ver las cosas hasta que ha formado parte de nuestros genes. Esto es políticamente correcto; aquello, no. Pensar así es no estar en la realidad... Todo con el único fin de que el dinero (que solo lo manejan ellos) sea el único valor social.
En ese caldo se cocinó la Cultura del Ladrillo, que no ha consistido solo en construir pisos, metérnoslos por los ojos y endeudarnos hasta las orejas. No, la Cultura del Ladrillo conlleva una forma de pensar: tanto tienes, tanto vales. Compite para ser/tener más que el de al lado. Los jóvenes dejaron los estudios para trabajar en la construcción o el taller y así poder comprarse ese coche o esa moto con un crédito (ahora están en paro sin cualificación alguna y analfabetos funcionales).
La Cultura del Ladrillo nos trajo el "pelotazo" el amor por la Telebasura y la Telecasquería, en la que se idolatra el dinero, la fama y la vagancia. Todo por entontencernos y anular nuestro espíritu crítico. Lo que sale en la televisión es lo guay y aquel que parece en la pantalla se convierte en un ídolo a emular, aunque sea un delincuente.
Nos hicieron tragar con Princesas del Pueblo cuando ni siquiera nos considerábamos pueblo. Para ellos eso de pueblo suena a concepto cuasi proletario y en España de eso no hay. Ni obreros. Ni siquiera trabajadores. Como mucho hay empleados y sobre todo ciudadanos y consumidores. Porque se erradicaron del lenguaje (con nuestra anuencia de nuevos ricos) todos aquellos conceptos que hicieran pensar en las diferencias de clases. Había una gran clase media-alta y después algunos ídolos en diferentes campos profesionales a los que había que admirar y seguirlos por la tele y en las revistas. Cómo ligaban con topmodels, cómo paseaban en sus coches caros o cómo iban a fiestas elitistas. esa era la emulación que se fomentó: sus comportamientos sociales y públicos, no en los profesionales. A Cristiano Ronaldo se le envidia porque tiene dinero, coches y una novia que es un bombón, no porque juegue bien al fútbol. Se admira lo que exhibe, no el trabajo que ha desarrollado durante años para conseguirlo. Eso cansa mucho y nosotros preferimos la vía rápida del pelotazo, y no precisamente el futbolístico.

Esa inercia nos arrastra y no nos detenemos a pensar el hartazgo que llevamos encima. Sí, lo llevamos pero la vida va tan deprisa que no lo percibimos.
A Rafa Nadal le roban de la mesilla del hotel un reloj valorado en 300.000 euros y lo primero que se nos viene a la cabeza es que hay un camarero cabrón en ese hotel. Y yo me pregunto por qué Nadal llevaba ese reloj, aunque sea regalado por una multinacional relojera. ¿No le da vergüenza exhibirlo cuando en España la pobreza aumenta exponencialmente? ¿Cómo es posible que no se dé cuenta de que es una exhibición de lujo ofensiva? Cierto que Nadal es un ejemplo de esfuerzo y de trabajo, pero me apena esa frivolidad --inconsciente la mayoría de las veces-- de la que hacen gala muchos personajes públicos. Ellos deberían pararse a pensar un poco en esa otra imagen que ofrecen, pero también es preciso revisar el tratamiento mediático que se les da a estos casos.
Y al menos Nadal (creo) tiene domicilio fiscal en España, no como el motorista Dani Pedrosa, que prefiere fijar su domicilio en Suiza para evitar impuestos y nos lo cuenta en reportajes que parecen un cuento de hadas. Después se sube al cajón y se emociona con el himno (el español, no el suizo)




Y es que España está llena de patriotas que se ofenden cuando pitan el himno en esos campos de fútbol pero no dudan en poner en almoneda el Patrimonio del país para que se lo apropien las multinacionales. Se subasta al mejor postor la sanidad, la educción, la energía, los transportes (el Agua del CYII y la Lotería ya llegarán). Eso sí, todo disfrazado de legalidad democrática y leyes mercado. Y no se te ocurra llevarlos la contraria porque, apelando al pensamiento único (el de ellos) de lo políticamente correcto, te tratarán de bolchevique, intervencionista o irresponsable. Pero lo pero es que la mayoría de la población les da la razón desde el pozo en el que nos hundido.
Hace falta una profunda regeneración de la sociedad española en la que se derribe el culto al dinero. En la que se envidie el trabajo bien hecho, la cultura y la preparación intelectual. En la que se fomente la solidaridad y el esfuerzo. Que se menosprecie la exhibición hortera y soez de la opulencia del millonario.Y eso pasa, antes que nada, por afear determinadas conductas: como la del reloj de Nadal; por que se considere de mal gusto que Roberto Carlos se pasee por Madrid en un Bugatti de millón y medio de euros cuando en España se pasa necesidad, o que se impida que un presunto como Francisco Correa (Gurtel) pase de la cárcel a un chalet de superlujo en Sotogrande. Y no digo nada sobre el caso Dívar u otros similares en los que se pone de manifiesto la escasa dignidad de los representantes públicos y la nula presión social sobre ellos.
Hay que recuperar el lenguaje combativo de la izquierda clásica: sigue valiendo el concepto de lucha de clases, no caigamos en la trampa que nos tienden los neoliberales de que pensar así es ser una antigualla. Hay que acabar con la frivolidad pública y la exhibición ordinaria de la opulencia. hay que liberar al cerebro de ese baño maría en polvo de ladrillo en el que lo tenemos sumergido.
Solo así esta sociedad dejará de ser irrespirable. debe ser irrespirable para ellos: los especuladores, los financieros corruptos, los políticos irresponsables, los delincuentes de cuello blanco y los horteras con el lujo colgado del cuello o de una muñeca. 
Por eso me emociona profundamente la lucha de los mineros leoneses y asturianos, en huelga indefinida por su dignidad, y sobre todo la solidaridad expresada por sus ex compañeros británicos y el lenguaje comprometido que utilizan.
Es el momento de enmendar nuestra culpa por habernos dejado manipular. Hay que reaccionar y echar de una puta vez a esta gentuza.

14 de junio de 2012

Gracias, presidente

Los representantes se alinean frente a él.
Sus rostros son gruesos, sonrosados, frescos y risueños.
Allí están todos: los de bata blanca o azul,
los de cuello duro o alzacuello,
de chistera o bombín, que tanto da.
Todos ellos van desfilando ante él,
estrechan su mano con inclinación de cabeza.
¡Gracias, presidente!, le dicen dejando paso al siguiente.
No falta ninguno, todos tienen algo que agradecerle:
un colegio, un ambulatorio, un banco, unos bonos basura...
El presidente guiñapea con simpático gesto,
tan característico de él.
Feliz, apoltronado, ahíto
echa la cortina para no mirar por la ventana.
Pronto podrá tirar del sedal para recoger lo suyo.


La foto es de este blog

5 de junio de 2012

Una mazmorra medieval en la Europa del siglo XXI

En las viejas novelas de misterio el culpable siempre era el mayordomo. Daban mil vueltas para embaucarnos, pero el lector avezado ya sabía que el tipo estirado de la levita, de educación exquisita, el que miraba por encima del hombro al protagonista, era el malo.
Pero esas novelas acababan cuando el sibilino mayordomo era descubierto y los grilletes se cerraban en sus muñecas.
En el Vaticano, no. En el Vaticano la novela comienza cuando acaba la otra. Cuando al mayordomo lo encarcelan. 
En el Vaticano, al mayordomo, presunto culpable, lo arrojan a la mazmorra medieval en los sótanos de la basílica de San Pedro. Unos investigadores con solideo y fajín morados han descubierto que Paolo Gabriele es un traidor que ha robado correspondencia privada al papa B16. Abuso de confianza, sacrilegio. 
Nos dice que la policía vaticana (no sabemos si provista de alzacuello o con pica y bombachos a rayas) lo ha arrojado al fondo de una celda, quizá un residuo ahora recuperado de la terrible Inquisición. Los portavoces de la única teocracia que existe en Europa dicen que el reo está amparado por el Código Penal Vaticano. Sudores me dan cuando lo leo. La legislación vaticana. ¿Estará basada en el Derecho Canónico? ¿Qué parlamento ha legislado dicho código? Le pueden caer treinta años de cárcel. ¿Hay prisiones en el Vaticano o lo remitirán a las cárceles italianas para que cumpla condena? Tal vez lo dejen en esa mazmorra inquisitorial en la que está encerrado desde hace días. ¿Le aplicarán los correspondientes tormentos para que confiese? 
Quizá los turistas que en estos días pasean en pantalones cortos por las galerías de los Museos Vaticanos, disfrutando de los tesoros que atestan sus rincones, puedan escuchar, siquiera levemente, los desgarradores gritos provenientes de los lúgubres sótanos, donde el primer preso de la nueva Inquisición es sometido a la rueda, la cuna de Judas o la doncella de hierro.

Me pregunto qué dirá el Código Penal Vaticano sobre la pederastia. Lo ignoro pero por lo que tenemos visto y comprobado se castiga con un cambio de parroquia.  

3 de junio de 2012

Diario de Jürgen Toepfer: decepción

A veces, al acabar la jornada, me alejo de mis compañeros para sentarme sobre un tronco podrido y pensar tranquilamente al regazo de la noche estrellada. Entonces me pregunto de qué sirven nuestras proezas si nadie las valora. 
¿Quizá nos equivocamos al elegir estas selvas para nuestra lucha? ¿Nos apreciarían más en otras latitudes? Al final siempre me animo diciéndome que los importantes somos los actores y no el escenario.

 
Jürgen Toepfer
Mercenario en la R.D. del Congo

MAIKO

Una maiko, aprendiz de geisha, en plena danza. Kioto (Japón) 2016