14 de marzo de 2011

"Cuando el cielo se caiga", en libro de bolsillo



Acaba de llegar a las librerías la versión en libro de bolsillo (Algaida Eco) de mi novela "Cuando el cielo se caiga", con la que gané la 49 edición del premio Ateneo-Ciudad de Valladolid, allá por el lejano año de 2002.
Sale respetando la misma portada, aunque en blanco y negro, y curiosamente, pese a ser de bolsillo, con más páginas que aquella primera edición de tapas duras.
La novela está ambientada en el Madrid asediado de los últimos días de la Guerra Civil, concretamente en los cinco días comprendidos entre el 3 y el 7 de marzo de 1939, en pleno enfrentamiento en el bando  republicano por las diferencias entre el  Gobierno de Juan Negrín, secundado por el Partido Comunista, y los partidarios del teniente coronel Segismundo Casado, que crearon el Consejo Nacional de Defensa.
Un policía de la brigada criminal, Claudio Ballesteros, investiga las extrañas circunstancias del fusilamiento de una joven -junto con otros presuntos quintacolumnistas- ante las tapias del cementerio del Este. Muerte que Ballesteros relacionará con otros crímenes aparentemente ajenos y cuya investigación le conducirá hasta el corazón del todo poderoso SIM, el servicio de inteligencia militar del poder republicano en Madrid.
La novela está estructurada en cinco capítulos/jornadas, cada uno de ellos encabezado por un cartel de propaganda republicana que tanto proliferaron en la capital y que se convierten en otros personajes más de la novela. De hecho, la naracción comienza con el eslogan de uno de ellos: "Madrid, fortificación inexpugnable..." (leer primer capítulo)   

La novela, además de un alegato antibelicista, una denuncia de la estupidez de la guerra y una exhortación al gozo de la vida tal como se nos presenta, es un homenaje a mis padres, y en especial a mi madre, que al comenzar la guerra, con quince años, se enroló en el cuerpo de enfermeras de la República y fue destinada al hospital de las Brigadas Internacionales habilitado en tres palacetes de la calle Velázquez esquina  con Diego de León.

Tanto ella como mi padre me contaron muchas historias de aquellos terribles días que recogí después en la novela. Como las excursiones que hacían los chavales calle Santa María de la Cabeza abajo, hasta el río, en pleno frente, para conseguir algo de leña con la que hacer un fuego para calentarse en el invierno, o la venta de todo tipo despojos en las carnicerías, entre ellas unas orejas de burro, con las que se conseguía un sabroso caldo...

También quise reflejar mi admiración hacia la asombrosa y granítica personalidad del cenetista Cipriano Mera, "adoquín tallado en revolucionario", un hombre íntegro que se fajó con los fascistas de  Falange en las escaramuzas de antes de la guerra (gimnasia revolucionaria, lo llamaba él); durante la contienda, al mando del IV Cuerpo de Ejército, integrado por anarquistas, y que al finalizar el enfrentamiento civil renunció a cualquier previlegio que hubiera podido obtener en los países democráticos por su pasado heroico y regresó a su profesión de siempre: albañil. Murió en Francia un par de meses antes que el  dictador Franco. No tuvo la suerte del viejo Bruno, el personaje creado por José Luis Sampedro en "La Sonrisa Etrusca", cuya obsesión era ver pasar el cadáver de su viejo enemigo, el fascista Cantanotte.

Cuando el cielo se caiga narra, además, un intento de fraude con una importante colección pictórica recogida para su protección en el Museo del Prado: la colección Hurtado-Mendoza. Naturalmente, esto es ficción pero me inspiré en un caso real (doblemente real) que muy pocos conocen. Me refiero a la colección Hernani, también conocida como Pequeño Prado por su gran valor económico y cultural. El que desee conocer las entretelas de este asunto, que afecta a la Familia Real (recomiendo no perdérselo), que pinche aquí, aquí o aquí.

A continuación os dejo la crítica sobre la novela que escribió en su momento Fernando Marías. Nunca le estaré lo suficientemente agradecido.

(Pinchar para agrandar)



Algunas críticas más:



12 de marzo de 2011

The thing

Solo al caer la noche, que llegó acompañada de una extraña y refulgente neblina, pudimos conocer las verdaderas dimensiones de aquello que se ocultaba en el callejón.

(la foto es de Esther Siete)

6 de marzo de 2011

Represión+Rabia... Variación sobre el mismo tema


Ella rezaba el rosario con aparente devoción pero en realidad pasaba las cuentas mecánicamente porque su pensamiento estaba ocupado por completo en decidir el vestido que se pondría para ir a misa de siete.
Él, sentado en el sofá, escuchaba Intereconomía con el mismo fervor con el que su esposa atendía las prédicas del párroco cada tarde.
El muchacho se limpió los zapatos de barro antes de entrar en la casa, se sacudió el agua de la gorra y se dirigió a su habitación sin que nadie se apercibiera de su presencia. Recogió sus cosas —apenas nada—  y las introdujo en una pequeña mochila. Después salió con el mismo sigilo con el que había llegado.
Llovía torrencialmente pero no le importó. Se caló la gorra, encogió el cuello para protegerse del agua y el frío y echó a andar calle abajo. El día plomizo no logró oscurecer la luz de su sonrisa.
Por un momento se le había pasado por la cabeza cometer una locura, pero inmediatamente la descartó. Le bastó con recordar quién lo esperaba al final del camino, acodada sobre el pretil del puente que separaba ambos mundos.

(La fotografía es de Esther Siete, tomada con una Lomo)

CINCO PUÑALADAS Y UN DISPARO

¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! ¡Bang! ¡Zas! Expiró aferrado al policía, pensando en sus hijas. No pudo soportar que lo multara por...