27 de noviembre de 2009

TOC TOC


No, no llaman a la puerta. Es una obra de teatro y su título se refiere a Trastornos Obsesivos Compulsivos (TOC). El porqué de que se repita el TOC solo lo sabe su autor, el francés Laurent Baffie… o quizá se deba a que a uno de los TOC que se exponen en la obra es el síndrome de la repetición: una de las enfermas cree que si no dice todo dos veces, morirá.

Sí, sí, morirá.
Sí, sí, morirá.

Llegué por casualidad a esta obra que se representa en el Teatro Príncipe-Gran Vía, de Madrid, y tengo que reconocer que no me reía tanto desde la última vez que asistí a un espectáculo de Faemino y Cansado.
Acudí al teatro Príncipe sin conocer la obra, casi por eliminación, ya que no encontré entradas para otras que quería ver. Y no me arrepiento.
Un grupo de pacientes acuden a la consulta del eminente psiquiatra doctor Cooper, del que dicen que en una sola sesión cura los TOC.
En la sala de espera se dan cita seis maníacos:
- Uno señor mayor al que le resulta imposible evitar lanzar gruesos improperios cada dos por tres. Es el síndrome de Tourette.
- Un taxista obsesionado con hacer mentalmente rápidos cálculos matemáticos sobre cualquier cosa.
- Una mujer de mediana edad obsesionada con la limpieza, las enfermedades y los virus. Rechaza que la toquen y siempre quiere abrir la ventana.
- Un joven que es incapaz de pisar una línea del suelo (lo tiene mal en la sala de espera, cruzada por 58 rayas, según el taxista) y obsesionado con la simetría.
- Una mujer mayor que se santigua mil veces cada vez que el aquejado del síndrome de Tourette dice una grosería (cada dos minutos y medio, según el taxista), pero cuya peor obsesión es pensar que ha perdido las llaves de casa, que se dejó el gas abierto, el agua corriendo, la luz encendida, la puerta sin cerrar…
- Una estudiante que todo ha de decirlo dos veces o morirá (eso al menos cree ella)

Y el doctor Cooper sin venir. La enfermera les avisa de que todavía tardará porque su avión salió con retraso de Londres.

Los pacientes para entretenerse se ponen a jugar una partida de Monopoli. Es el momento más disparatado de la obra, en el que cada cual desparrama sin rubor sus TOC por el escenario convirtiéndolo en un auténtico circo. Se insultan, se gritan, apuestan, se hacen trampas…

Y el doctor Cooper sin venir.

Uno de los pacientes comenta que ha oído que el doctor Cooper utiliza la técnica de la terapia de grupo. Acuerdan, por tanto, que para ir adelantando camino, pues ya es tarde, lo mejor es iniciarla sin él. ¿Cómo? El obsesionado con no pisar las líneas (que se pasa la obra encaramado en las sillas y los muebles de la consulta) ya tiene experiencia. Hay que presentarse, decir cada cual su problema y después durante tres minutos, por turno, intentar vencer sus neuras: uno no dirá barbaridades, otro no hará cálculos, otra se dejará tocar, aquella no pensará en el gas, este pisará las líneas del suelo y la última por fin, no repetirá las frases.
Todos fracasan… ¿O no? Poco a poco van descubriendo que quizá en algún momento de la tarde que llevan juntos superaron sus obsesiones durante unos minutos. ¿Cuándo? En el momento en el que dejaron de pensar en sí mismos para preocuparse por los demás.
Y el doctor Cooper que no vino.

Una obra muy divertida, enloquecida a veces, con un buen reparto encabezado por un genial Nicolás Dueñas, secundado por un sensacional Esteve Ferrer, director también de la obra y que ha sustituido a Javivi en el papel del verborreico taxista.

25 de noviembre de 2009

El quatuor de Matadero, de José Ángel Mañas


Ya está en las librerías la última novela de José Ángel Mañas: El quatour de Matadero. Esta vez escrita en colaboración con Antonio Domínguez Leyva.

Matadero está integrada por una serie de episodios muy aventureros y cinematográficos, con su punto histriónico y excesivo, llenos de humor y de sangre. Cuenta las peripecias del asesino de los 21 dedos, quien se desplaza a la ciudad ficticia de Matadero (muy reconocible, pese a ello) en plena Costa del Sol, donde el protagonista intenta pescar en el río revuelto de la brutal guerra de bandas que se avecina.

Mañas edita esta obra en Algaida, la editorial en la que publico yo también, de modo que bienvenido a casa, José Ángel.

Abajo os dejo un vídeo promocional.




17 de noviembre de 2009

Un dios salvaje


No somos más que seres brutales y egoístas revestidos de una finísima capa de civilización que se resquebraja con demasiada facilidad. Tras ella nos ocultamos permanentemente hasta que el verdadero ser que cada uno lleva agazapado dentro tiene la ocasión manifestarse... para terror de los demás. Ese es el mensaje de Yasmina Reza en su obra "Un dios Salvaje" y que está en cartel estos días en el Teatro Compac Gran Vía, de Madrid.

La obra, de la misma autora que "Arte", expone las miserias y las debilidades de dos matrimonios presuntamente correctos, educados, amables y, en suma, civilizados. Se encuentran en el domicilio de uno de ellos para hablar de la agresión que el hijo de uno de ellos ha sufrido a manos del hijo del otro. Un golpe en la boca con un palo que le ha hecho saltar dos dientes en una pelea en el recreo. Cosas de críos. En eso están de acuerdo al principio. Pero solo al principio. Muy pronto, esa conversación de guante blanco se va transformando en una disputa entre todos ellos, incluidos las miembros de cada parejas entre sí, en la que lo de menos es el incidente de los niños.
Personajes arquetípicos: el abogado de una gran empresa farmacéutica al que no para de sonarle el móvil en los momentos más inoportunos (Pere Ponce); su esposa, la clásica mosquita muerta que lleva dentro todas las frustraciones del mundo (Maribel Verdú); la mujer comprometida con la lucha contra la injusticia, culta y refinada que se siente por encima de los demás (Aitana Sánchez-Gijón), y su marido, un hombre de carácter noble, cachondo y algo brutote (Antonio Molero).
las personalidades de los cuatro se van transformando a lo largo de los 90 minutos de resentanción en una obra híbrida, tragicómica o comitrágica con un gran trabajo de actores, en especial de Maribel Verdú.
Como dice el personaje que encarna Pere Ponce: "Yo creo en un dios salvaje. Él es el que nos gobierna, sin solución de continuidad, desde la noche de los tiempos" .



5 de noviembre de 2009

Nemat,en defensa de la vida, en defensa del arte

He dedicado este blog sobre todo a mis libros y a los de otros, a la defensa del patrimonio español y madrileño, a la ecología y al arte y la cultura con un sentido amplio. Sin embargo, considero que la vida es un patrimonio mucho más importante que cualquier obra humana que nos podamos plantear. Cualquier vida humana, por muy anónima que pueda parecernos. Porque sin vida no hay arte ni creación ni aprecio del genio humano. Sin vista no hay pintura ni novela, ni escultura; sin oído no existe la música ni el teatro, ni la comunicación; sin el tacto tampoco podemos apreciar algunas de las artes plásticas; sin piel, sin sentimientos, sin emociones no hay nada más que un negro vacío.

Para que exista arte debe existir la vida porque el arte, en sí mismo, no existe. Solo es en la medida en que puede ser apreciado por los seres humanos. Por eso a mí me resulta muy fácil responder a esa pregunta tramposa que se suele plantear a veces: «Si tuvieras que escoger, ¿qué salvarías de un incendio: un ser humano o una obra de arte tan sublime como la Gioconda?».

Al ser humano, por supuesto, sin el menor género de duda.

Por eso, la entrada de hoy está dedicada a un ser humano que está en peligro de muerte, pero que, desgraciadamente, no es canjeable por ninguna obra de arte. Se llama Nemat Safavi y tiene la desgracia de ser de Irán, ese país en el que desde años vive instalado un régimen salido del infierno. Iba a decir medieval, pero es mucho peor que eso. Sobre la faz de la tierra no ha existido nada parecido ni ahora ni en tiempos pasados y probablemente no lo tengamos que padecer en el futuro porque engendros así no pueden durar. Alguien podrá preguntar: «¿Pero el nazismo no era peor?». Y yo le contesto: No, el nazismo no fue peor. Lo malo del nazismo fue que su maldad se diseminó por el mundo, explotó como un grano infectado y salpicó a toda Europa. Pero el virus que contenía era incluso menos nocivo que el que se agazapa tras la mirada de los ayatolás. Confiemos en que la humanidad y los iraníes sepan contenerlo y extirparlo.

Pero mientras eso llega, las consecuencias de la irracionalidad, de la barbarie y del fanatismo las pagan los más débiles dentro del país: las mujeres son lapidadas por el pecado de haber sido violadas, los niños son mutilados por robar comida para saciar su hambre y los homosexuales son ahorcados solo por amar como ellos saben y entienden. Este es el caso de Nemat, que fue encarcelado con 16 años por amar a otro hombre. Fue condenado a muerte y hoy, con 19 años, espera la ejecución de la sentencia.

Pero desde aquí tratamos de impedirlo. Hay un movimiento, todavía lento y espeso, que busca su liberación. La sociedad española es solidaria como pocas y confíamos en que al final lograremos traerlo como refugiado político. Salvarle la vida.

La sociedad española es solidaria pero sus políticos, que son los que deben canalizar estos anhelos, son bastante lerdos e incapaces de apercibirse de lo que se les demanda. Están enfrascados en sus peleas de salón que no interesan a nadie. No es extraño que la última encuesta del CIS haya expresado la preocupación de los españoles por la clase política. Les preocupa más que el terrorismo de ETA. Es algo inconcebible que debiera hacer reaccionar a los grandes partidos. ¿Se imaginan? Un ciudadano cualquiera espetándole a la cara a Rajoy o a Zapatero: «Su actitud me resulta más preocupante que la de Txeroki». ¿Qué cara pondrían al escucharlo? Rajoy inflaría sus mofletitos imitando a Popeye, Zapatero alzaría sus picudas cejas.

Irán, como el resto del mundo musulmán, necesita un movimiento civil potente que logre ir acotando poco a poco el poder de los clérigos de turno, tal como ha sucedido en Occidente con la Iglesia a lo largo de los últimos siglos. Tarea aún más ardua en el mundo islámico ya que no tiene una estructura piramidal de mando como el católico. Aquí bastó con ir doblegando la cabeza de la hidra que habita en el Vaticano para que el resto de sus miembros se fueran relajando. El islamismo, por el contrario, es un mosaico de sensibilidades independientes unas de otras, interrelacionadas por su fe común, pero autónomas, que no pueden afrontarse con una estrategia conjunta.

Por otra parte, no conviene olvidar que gran parte de la culpa de lo que sucede en los países musulmanes es de Occidente, que impidió durante siglos de dominación que llegarán allí los valores de la Revolución Francesa y del mundo moderno, laico y avanzado. Le bastaba con explotar sus recursos, mantenerlos en la ignorancia y cuando no tuvo más remedio que concederles la independencia, sostuvo a tiranuelos que prolongaron los mismos criterios explotadores que las metrópolis.

Pero hoy es el Jueves de Nemat y no me quiero apartar de ello. Nemat es un chico al que no conocemos ni le ponemos rostro porque nadie ha divulgado su fotografía. Sin embargo, no nos resultará difícil a ninguno imaginar sus ojos grandes llenos de sorpresa cuando fue condenado a muerte por expresar su amor. ¿Quién puede entenderlo? ¿Quién puede regular las categorías del amor como el que regula la velocidad a la que se permite circular por las carreteras?

Por eso, es difícil poder disfrutar de esto:






cuando en nuestras cabezas resuena esto:



Cómo apreciar el arte de un cuadro como este



Si en nuestras retinas se nos han quedado grabadas imágenes como esta.





Nemat, no dejaremos que mueras por ser homosexual, porque tu vida, como todas, es una obra de arte irrepetible.

MAIKO

Una maiko, aprendiz de geisha, en plena danza. Kioto (Japón) 2016