25 de marzo de 2009

"Gris mate" o el teatro del absurdo


Un estudiante fracasado y angustiado que quiere matar a Dios lanzando una flecha hacia el cielo, un limpiabotas amnésico que es capaz de leer el pasado de los hombres en las arrugas de sus zapatos y un peluquero en paro que peina al viento mientras interpreta algunos pasos de ballet. Son los tres personajes de Gris mate, obra que anoche estrenó en Madrid (teatro Galileo) la compañía vasca Katu Beltz y que tuve el enorme placer de disfrutar.
Como complemento, una puesta en escena muy atractiva, con una gran diana en el centro de un escenario inclinado desde cuyo centro el estudiante intenta lanzar su flecha hacia Dios sin que se le caía la chistera en el intento. “No quiero matar a Dios con la cabeza descubierta. Podría malinterpretarse”, dice el personaje, interpretado por Iñaki Rekarte, también autor de la obra. “Como segunda opción contemplo el suicidio”, añade.
Se trata de un brillante y divertido ejercicio de teatro del absurdo con inteligentes diálogos sobre la esencia del ser humano, desarrollado en un ambiente opresivo que refleja muy bien la angustia vital que expresan los personajes.
Una obra sumamente recomendable.



24 de marzo de 2009

Homenaje-exposición a Miguel de Molina

Tuvo que ser dieciséis años después de su muerte pero al fin le llegó el reconocimiento en su país. Miguel de Molina, artista coplero, republicano y homosexual confeso es la excepción que debemos hacer al identificar este mundo de la farándula cañí con el franquismo y la España negra. El franquismo utilizó a los artistas del llamado género español para ponerle banda sonora a su régimen criminal. A ello se prestaron la mayoría de los cantantes, copleros o artistas, como les gusta llamarse a ellos, que no dudaron en doblar la cerviz ante el pequeño dictador.

Con el paso de las décadas se produjo tal fusión y confusión entre el régimen fascista y este tipo de expresión musical que aún hoy nos resulta difícil (para los que tenemos una edad casi provecta) evitar el efecto Paulov de identificar al uno con el otro.

Sin embargo, Miguel de Molina (Málaga, 1908-Buenos Aires, 1993) fue uno de los pocos, por no decir el único, que no tragó con el régimen recién impuesto. Su conocido republicanismo y su homosexualidad declarada le pusieron en la lista negra del franquismo. Lo primero quizá se lo podrían haber perdonado al tratarse de un gran artista (probablemente el número uno de entonces), lo que le hubiera venido muy bien al Régimen, pero su condición sexual, no. Era intolerable en aquel mundo de legionarios y sacristanes recién estrenado.

Miguel de Molina fue sacado del teatro una noche de noviembre de 1939 y apaleado. Probablemente dejado por muerto, según cuenta él mismo en su autobiografía, Botín de guerra.

Se exilió en Buenos Aires pero en 1942 el dictador logró que lo expulsaran también de Argentina y se fue a México. Regresó con Eva Perón y se convirtió en un ídolo cantando las mismas canciones de siempre que también interprtaban los artistas del régimen franquista: Ojos verdes o La bien pagá. Dicen los que saben que Concha Piquer le tenía envidia. ¡Vaya usted a saber!

Hace diez años, su sobrino nieto Alejandro Salade se vino a España cargado de baúles en los que traía, además de su exiguo equipaje de inmigrante, la voluminosa memoria del cantante. Buscaba que su país natal reconociera a tan ilustre exiliado y que todos los objetos que fueron de Miguel de Molina quedaran expuestos en España.

Durante estos diez años, y antes de lograr que la Comunidad de Madrid patrocine esta muestra en la sala de exposiciones en la antigua fábrica de cervezas El Águila, el sobrino nieto del artista recibió el silencio de la Junta de Andalucía y de las autoridades malagueñas.

Quizá por estos desaires o por esta falta de sensibilidad hacia Miguel de Molina en su tierra natal, la hermana del artista, que a sus más de noventa años aún vive en Argentina, se ha negado a la repatriación de sus restos.

En la muestra, titulada Arte y provocación, pueden verse sus espectaculares blusas de mangas afaroladas, sus botines de fantasía, afiches de las películas que rodó, fotos, trajes, documentos y hasta dos de los baúles en los que trasladaba todos estos bártulos de espectáculo en espectáculo.

Por circunstancias de la vida me invitaron anoche a la inauguración y allí estuve. Disfrutando de una exposición muy emotiva, que llega con años de retraso, y compartiendo cervezas y almendras tostadas (solo había almendras, acabé hiperalmendrado) con los subalternos de las grandes espadas del colorín y del mundo de la casquería mediática.

Hubo famosos, aunque de segunda fila porque no había presupuesto para ellos. La que más, la baronesa Tita Cervera, que fue asaltada por los anteriormente aludidos en busca de algún comentario que diseccionar durante los próximos tres meses. También vi por allí a José Sacristán, Luis Aguilé, la Chunga, Paco Valladares y otros cuyas caras me sonaban pero que no sabría decir quiénes eran. Según me chivó alguien, una de las que andaban por allí luciendo tacones era la novia de David Bisbal, que está promocionándose por doquier. También estaba un señor que parecía momificado dentro de su traje impoluto azul oscuro que me dijeron que es tío del rey Juan Carlos, al parecer un bastardo de Alfonso XIII.

Entre los desconocidos, que éramos mayoría, me llamó la atención un tipo alto de aspecto de jubilado con un pelo blanco y lacio que le llegaba casi a la cintura. Nos preguntamos quién sería aquel Moisés hasta que una conocida nuestra, la bailaora Rafaela Carrasco nos sacó de dudas. El propio Moisés le confesó que había entrado para comer algo (efectos de la crisis, pero se tuvo que conformar con las mencionadas almendras tostadas). Esto lo dijo por escrito porque debía ser mudo. ¡Y nosotros que pensábamos que le estaba firmando un autógrafo a la Carrasco!

Tuve ocasión de conocer a Josefina Balande, sobrina de Miguel de Molina y madre de Alejandro Salade, que vino de Buenos Aires ex profeso acompañada de una prima. Dos ancianas encantadoras. Doña Josefina nos explicó que su tío era un artista completo que diseñaba y organizaba todo lo relacionado con el espectáculo, desde las famosas blusas y los botines, hasta los decorados de los teatros en los que actuaba. Era un artista total.

Volviendo a la exposición: no deja de ser paradójico que haya tenido que ser el gobierno de derechas de la Comunidad de Madrid el que finalmente haya financiado este homenaje al “rojo maricón”, como lo han llamado algunos.

Pero fue un acto de justicia con Miguel de Molina, porque, como sentenció José Porcel, otro bailaor amiguete, “le echó muchos güevos durante su vida”.






(Este post está dedicado a mi amigo Santi)

15 de marzo de 2009

"Constantino, la invención del Cristianismo"


El cristianismo es lo que es hoy gracias al emperador Constantino, que lo apoyó frente a la tradición grecolatina de los siglos anteriores. Esa es la tesis que mantiene Barbara Pastor en su interesantísmo ensayo Constantino. La invención del Cristianismo (editorial Oberón).
El emperador se hallaba en una difícil situación con la descomposición del viejo Imperio Romano, sumido en una guerra civil y sujeto a graves amenazas exteriores. Constantino, antes de enfrentarse a su mortal enemigo, Majencio, proclamó que había visto en el cielo una gran cruz de fuego que le anunciaba la victoria. Verdad o no, Constantino derrotó a su enemigo en la batalla del Puente Milvio en el año 312. Desde entonces los cristianos gozaron de todos los privilegios en detrimento de los seguidores de los cultos paganos.
Su apoyo a esta doctrina no le impidió ejecutar a su hijo Crispo ni a su mujer Fausta, incitado por celos de su madre, Helena, una antigua tabernera. Helena, hoy santa para los católicos, viajó a Tierra Santa donde localizó todo lo localizable relacionado con Jesús. Hasta la cruz. Dice la leyenda que para comprobar si era la auténtica, colocó sobre ella un cadáver y resucitó. Esta anécdota no la cuenta Bárbara Pastor, pero sí recoge otra igualmente fantástica. Helena le dijo a su hijo que debía abandonar el paganismo y convertirse al judaísmo. Entonces doce rabinos y el papa Silvestre se colocaron en torno a él. En el centro , dos jueces paganos. Los rabinos demotraron que podían matar un buey susurrándole al oído el nombre de Jehová. Pero el papa lo resucitó al pronunciar el nombre de Jesucristo. Ante tal maravilla, Contantino optó por el cristianismo.
Lo cierto es que Constantino, necesitado de unidad en su imperio, comenzó por unificar la nueva fe, optando por una de las varias interpretaciones que se hacían en aquel tiempo y cercenando de raíz a las demás. Fue en el concilio de Nicea, en el 325. Gracias a él, la teoría de la Santísima Trinidad se impuso a la defendida por los arrianos, quienes aseguraban que Jesús era inferior a Dios.
El control de la sexualidad fue una de las mayores preocupaciones para él y para los obispos de la pujante fe. Naturalmente, en este asunto la mujer siempre era la incitadora. "Donde hubiera mujeres, había problemas", recueda Pastor, y añade que "el siglo de Constantino fue el siglo del celibato masculino".
Constantino murió el 22 de mayo de 337, y solo en el lecho de muerte se bautizó, curiosamente de manos de un obispo arriano.

2 de marzo de 2009

Museo del Éjercito: entrada por calle Alféreces provisionales


El Museo del Ejército, que llevaba más de doscientos años ubicado en Madrid, está a punto de reabrise en el Alcázar de Toledo, que ha sido trasformado y remodelado a tal fin. Este museo era el más antiguo de Madrid, anterior incluso a la Guerra de la Independencia.
Durante años ha estado dejado de la mano de las autoridades a pesar de que es uno de los mejores museos de la guerra del mundo.
Sin embargo, tradicionalmente se le ha relacionado con el franquismo y no ha tenido muy buena fama, quizá por eso no fue atendido debidamente durante la época constitucional. El primer error, probablemente, fue no cambiarle el nombre por el de Museo de la Guerra, para soslayar esa identificación que ha existido entre Ejército y franquismo, o Ejército y golpismo. Asociación mental que hoy día, afortunadamente, creo que ya no existe.

El traslado al Álcazar de Toledo ha sido cuestionada desde que se dieron los primeros pasos. Se criticó el expolio que sufriría Madrid al "robársele" este museo cuyas armas en exposición fueron utilizadas por los patriotas madrileños para combatir a los franceses el 2 de mayo de 1808 a pesar de que estaban anticuadas. También se ha criticado la reforma que se ha hecho en el Alcázar de Toledo, incluso por parte del ICOMOS, el órgano de la Unesco que vela por la integridad de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad y de sus monomentos.
Pero, sin duda, lo que supone un paso atrás es que este museo se trasplante a un edificio que ha sido un símbolo del franquismo mayor que el propio museo, como es el Álcazar de Toledo y que, además, ¡su entrada se ubique en la calle Alféreces Provisionales!. Solo falta que en el vestíbulo de la entrada se instale la estatua ecuestre de Franco que fue retirada de Santander o su gemela eliminada de los Nuevos Ministerios de Madrid.

¡Viva la memoria histórica!

Enlaces de interés:

CINCO PUÑALADAS Y UN DISPARO

¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! ¡Bang! ¡Zas! Expiró aferrado al policía, pensando en sus hijas. No pudo soportar que lo multara por...